Artikel 28 - Un arbolito salvando el mundo
Los germanos, del norte de Europa, metieron unas ramas verdes en sus casas celebrando los finales de año. Por esa tradición, o mientras esa tradición ya existía, el abeto, con sus ramas siempre verdes, se interpreta desde la perspectiva cristiana como símbolo de fertilidad en pleno inverno blanco y frio. Luego, los protestantes de Alemania pusieron este árbol desde el siglo XV en las plazas durante la navidad. Solo mucho más tarde ha sido adoptado por los católicos. Pero en el siglo XVIII ya empezó su uso en toda Europa y luego por olas de migración de alemanes yendo a EE.UU., y también a América Latina, el abeto entró en los salones en ultramar. Ahora esa tradición europea, más precisamente alemana, protestante o germánica se ha transformado en un símbolo de navidad, encuentro entre seres queridos y el amor familiar en sí.
?Cortar un árbol sano, con sus raíces ya una década bien estirado en el suelo? Eso, ?solo por gusto emocional y para el fin de que cubra las plazas públicas y los salones familiares por un tiempo cortísimo que ni llega a ser un mes entero? ?En tiempos en que cada árbol traga el CO2 tóxico que no eliminará del planeta dentro de poco, de verdad vale la pena cortarlos por eso?
Cortar algún árbol es como llamar directamente a la policía de superioridad moral verde. Para empezar, si alguien por ser tacaño roba un árbol de un bosque privado, sí que hace un delito. Primero, por ser un robo en sí y debe ser seguido por ley penal; segundo, porque estos arboles están plantados con un fin particular. Con el fin de crecer por una o dos generaciones humanas y solo después ser cortados y ser muebles, techos o leña, pero no por navidad. Sin embargo, estos árboles navideños, de los que se trata aquí, son plantados en granjas solo para este fin. En comparación con sus hermanos, los arboles de navidad de plástico, estos arboles naturales han absorbido CO2 del aire, en vez de producirlo. Estos arboles han filtrado el aire de la peste industrial y humana, han cumplido su servicio, y el año que viene van a ser restituidos por nuevos, que van a hacer exactamente lo mismo. Si no fuese por navidad, no se hubiesen plantado y quizás habría una fábrica de plástico allí. Quizás no, pero este árbol casi seguramente no estaría allí. Entonces, la Navidad se puede interpretar como beneficiosa en este aspecto climático. Hay una alternativa sin cortar, y sí, eso podría ser una alternativa de verdad. Se alquila por un tiempo y se riega unas semanas un abeto en el salón. Además refresca el aire del humo de sobremesa y vino caliente.
Total, en Europa salvamos el mundo ya con las innovaciones burocráticas, con tapas fijadas de las botellas. Suena irónico, pero es algo realmente fácil de implementar y mejorar aún más las estadísticas y el nivel de vida en la UE. Lo que no hace falta igualmente, es arruinar una tradición más por porcentajes ridículos de CO2 cuando el producto en sí, aquí el arbolito, tiene un balance positivo ecológico. Un árbol de plástico se produce por reciclar ruedas de coches, bolsas de plástico o embalajes de toda la comida diaria. Ese plástico basa en procesar petróleo y ha generado CO2. Si recoges el abeto natural o lo alquilas con un coche eléctrico o vas a pie unos días antes de Navidad, ese arbolito natural ya tiene mejor estadística ecológica. Aparte de ser feo y estéril, el árbol de bolsas del Edeka recicladas nunca va a llegar a mejor estadística CO2 que los de leña y verde real. Con el fin de mejorar el clima, el árbol natural es entonces siempre mejor opción que alguno de plástico.