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Und immer bleibt die Frage - Wie viel Hypokrat darf eigentlich sein?

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Artikel 26 - Es arte o manipulación dirigida

Entre los años 1819 y 1914 vivió un hombre fascinante, aún poco conocido, que ha enriquecido el paisaje de ingeniería de Alemania y del mundo de la Ciencia de materiales. Se trata de August Wöhler. Su trabajo no es solo importante para los que estudian ingeniería mecánica sino para todos los ingenieros que quieren aprender la estadística aplicada. August Wöhler y sus Curvas de Wöhler tuvieron una fuerte influencia en el diseño y el ámbito de la locomoción. Luego animó a prácticamente todas las industrías comerciales. Sus métodos son importantes para seleccionar materiales y optimizar sus cantidades. Pero no es solo eso, sino también con estos métodos se puede calcular y prevenir, siempre estadísticamente, cuándo un producto se va a romper. Un término académico, para algo que realmente es ingeniería por definición, es la obsolencia programada. Con este término se suele criticar la industria por dejar romper sus propios productos, considerados de poca calidad. Y es verdad, los productos se rompen mucho más antes que los productos antiguos, que son producidos muchas veces en siglos pasados. Culpable es la industria, según la obsolencia programada, que produce solamente de peor calidad que antes. Casí justo al día siguente que ha caducado el tiempo de garantía mínima, se rompen los tostadores y los zapatos casi ni sobreviven los inviernos. Entonces a primera vista, es correcta esa percepción. Pero el problema con este punto de vista muy simple es que se olvidan dos cosas importantes que son las siguentes.

Es muy común comprar nuevos modelos de coches, de móviles o de ropa entre cada 3 años y 3 semanas. Porque el individuo de una sociedad consumista se aburre y necesita nuevos estímulos dopamínicos por comprar y obtener. Es decir, la industria responde a una demanda. No tiene ningún sentido económico producir algo de alta calidad, con materiales y procesos caros, si el usuario lo va a tirar lo antes que pueda. Y eso lleva justo al segundo argumento. La diferencia fundamental entre un científico y un ingeniero, no solo es que el científico es más minucioso, sino, es la búsqueda del punto óptimo entre tres parámetros. Primero: reducir el tiempo de desarrollo y de producción de un producto, segundo: reducir los costes de desarrollo, de producción y del uso de materiales y, por último: optimizar la calidad del producto. Subjetivamente y objetivamente puede ser de menor calidad un producto, pero es el arte de la ingeniería que hace que funcione igual equilibrando entre las tres circustancias de tiempo, coste y calidad. Con un monedero sin límite y un el tiempo adecuado los ingenieros pueden van diseñar el móvil de oro que le hace falta cargarse solo una vez por mes. Como pocos tienen un presupuesto sin límite, pues hay que optimizar. Ya no va a ser de oro y ya habrá que cargarlo cada noche mietras se duerme. Es el legislador quíen define el tiempo de garantia mínima como indicador de calidad, pero el legislador no puede prohibir la obsolencia programada porque es parte inseparable de la ingeniería.

En fin, no tiene sentido preguntarnos de Sí o de No a la obsolencia programada porque es un hecho. Es un hecho industrial y de ingeniería. Da mucha pena ver estos productos de peor calidad cada día más. Pero lo que representa es algo mucho más fuerte. Representa una sociedad que no tiene interés en algo grande, a algo de largo plazo, a algo con elegancia y con perfección. Sino que tiene interés en la rapidez de estimulos prehistóricos por pantallas pequeñas, a la simpléza de arquitectura Neo-feísmo donde una pared de cemento se declara moderna en vez de barata y aparatos electrónicos de plaśtico que ni sobreviven los rayos ultravioletas del sol de un verano humilde. No hay un Sí o un No a la obsolencia programada, porque no hay un Sí o un No a la ingeniería. La industria hace lo que demanda la sociedad y la política. Entonces queda solamente el dicho bávaro "O abres la boca, o abres el monedero", es decir o pagas o abres la boca y cambias la ley a ciertos tiempos de garantia mínima. Pero no vale echar la culpa a la industria si las razones hay que buscarlas en las raíces. Es decir, no hay otra opción que Sí a la obsolencia programada, pero hay una opción para su rango, su implementación y su modo.