Artikel 24 - Chatbot e influencer - unos compañeros muy rápidos
Cuando en 2005 Jawed Karim subió a YouTube el primer video de unos 20 segundos en el que él visita el zoo de San Francisco, no me hubiese imaginado nunca que habría alguien que trabajaría como Youtuber en el futuro. Hoy en día hablamos de otra plataforma que ha generado un nuevo trabajo que se llama Instagramer o mejor: Influencer. El término en sí ya es mucho más destacado y agresivo - como una promesa: ¡te voy a influenciar! Menos mal que no se llama manipulador. Detrás del influencer nos espera ya otro compañero aún menos humano y más robot. Después de Google con Youtube y Facebook con Instagram, está OpenAI con ChatGPT, que comparte con sus compañeros no solo que no es rentable en la mayor parte de su existencia, sino que también son revolucionarios en el mundo de la información.
Esta revolución suscita muchas esperanzas y tiene muchas ventajas. En general, el fenómeno de los influencer es muy democrático en el sentido de acceder a la información. Por un lado da acceso a los usuarios a la creatividad de los demás y a contenidos en diferentes ámbitos, a educación, música, idiomas, culturas o noticias y mucho más. Se puede aprender cómo hacer zumo de manzana y después entretenerse con un tío que comete errores de construcción en casas de millonarios, y todo eso casi gratis. ¡Qué maravilla! Por otro lado, es muy democrático también para los creadores. O sea, no hace falta ningún certificado para subir videos a la infinidad del internet. En otros ámbitos eso seria impensable. No se puede ir al hospital y ponerse una bata blanca para trabajar como médico. No se puede ir a la obra y ponerse un mono azul para hacerse el electricista. En cambio, como influencer, sí que puedes. Lo único que hace falta es un nombre y una contraseña y a lo mejor un móvil. Ser exitoso ya es luego otra cuestión. Pero si lo eres, la libertad es grande. A lo mejor se puede trabajar cuándo y cuánto se quiera y quizás también desde dónde se quiera. Se puede trabajar en lo que uno ama. ¡Qué maravilla! El chatbot te recuerda sin coste el dicho del que solo recuerdas unas palabras y te propone una lista de actividades que podrías hacer en Tirana cuando te da pereza leerlo en su artículo de Wikipedia. ¡Qué maravilla es todo eso, sin duda!
El problema aquí no es que alguien tenga influencia sobre los demás. Tampoco es que la presentación de la información sea subjetiva y unilateral porque eso existe en los medios tradicionales también. Además el alcance de cada influencer es mucho más limitado que el de una verdadera estrella de cine o de un futbolista famoso. El problema es la pérdida de la autenticidad y la enorme cantidad y rapidez de información que pasa por el cerebro. Y las dos van mano a mano, por lo menos en el caso del Influencer. El chatbot luego corona todo con deshumanizar la comunicación a un mínimo.
Cuando el influencer pasa de su profesión original a tiempo completo a dedicarse a la aparición medial pierde su autenticidad. Desaparece la distinción entre publicidad y realidad. Por el contrario, para los medios tradicionales hay muchísima legislación en este ámbito. Se pierde el contendido a favor del espectáculo. Una enfermedad que parece que ha contagiado ya a algunos medios tradicionales también. Un influencer que por sus ingresos depende del éxito de su contenido, dependerá del impacto y la perfección. Va saltando de espectáculo a espectáculo. Por el contrario, el influencer más despacio, que profesionalmente no depende de ninguna plataforma, permanece independiente y auténtico. Entonces, no hay nada malo en los influencers, sino que pueden ser un verdadero enriquecimiento. Favorecer al influencer despacio frente al influencer saltando parece buen consejo.